Carabinieri intentan disolver una asamblea de estudiantes en Bolonia y acaban huyendo

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Los estudiantes protestaban en el corazón de la Universidad de Bolonia celebrando una asamblea. Un buen grupo de carabinieri entra en formación para disolver la reunión, pero la respuesta por parte de los estudiantes no es la que esperan. Lejos de acatar la orden, los estudiantes no se dejan intimidar y hacen valer su derecho de reunión, de tal manera que los agentes tienen que salir huyendo para que no les “trague” la marea humana.  

La próxima aplicación del Plan Bolonia o Estrategia Universidad 2015 parece estar en el fondo del malestar de los estudiantes, de la misma manera que se ha venido manifestando desacuerdo a estas medidas por parte de prácticamente toda la comunidad educativa europea.   

Visto en La Mancha Obrera.



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¿Por qué los jóvenes europeos siguen viviendo con sus padres?

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El artículo de Der Spiegel tiene ya unos meses, pero es curioso comprobar en la infografía de abajo que los países que más dificultades están teniendo desde que estalló la crisis son los que albergan mayor índice de jóvenes entre 25 y 34 años viviendo en casa de sus padres.

Por lo general, éstos resultan ser los países deudores en Europa. Si tenemos en cuenta que normalmente el vivir o no con los padres depende del acceso a un puesto de trabajo o del nivel de vida (establecido por la proporción sueldos – salarios), parece difícil que se pueda invertir la situación en estos estados.

Estos datos de 2011 proporcionados por Eurostat, nos muestran una gran diferencia entre los índices de las naciones del norte de Europa con respecto a las del sur y el este.

Según deja caer Der Spiegel (antes de su reciente cambio de línea editorial) los altos porcentajes se deben precisamente a los efectos devastadores de la crisis en dichos países, en concreto a causa de las altas tasas de desempleo.

Aunque por otro lado se señala que los porcentajes más altos (en torno al 40% o al 50% de jóvenes en casa de sus padres) corresponden a países de raíces católicas (sur y este de Europa) donde hay menos costumbre de emanciparse a edad temprana.

Existe discusión sobre este tema y no está tan claro que la aparente correlación desempleo – residencia con los padres implique causalidad. Francia y Suecia, por poner un ejemplo, tienen la misma tasa de desempleo pero en Francia es doblemente probable que un joven no haya abandonado el nido.

En efecto, es difícil saber hasta qué punto se debe a la crisis o a los hábitos culturales, pero probablemente existiese una base cultural amplia de apoyo familiar en estos países que con seguridad se ha visto agravada por la falta de empleo y oportunidades.

Lo que es claro es que la tendencia general en Europa, al contrario que en EE.UU., es la de ampliar la estancia en la residencia de los padres.

Jóvenes viviendo con sus padres en Europa

Bonus: Este mapa nos indica con más detalle la edad media a la que los jóvenes europeos abandonan los hogares paternos. De verde más claro a más oscuro: (1) antes de los 25 años, (2) de los 25 los 28,5 años y (3) después de los 28,5 años.

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Vía reddit.

Artículo orginal publicado por Javier Hernando en i-ratio 

Foto de portada: los jóvenes siguen viviendo en el “hotel” de los padres, fuente: http://www.dw.de

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

El error de Excel que nos condenó a la austeridad

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Publicado originalmente en United Explanations el 17/05/2013

El error de Excel que nos condenó a la austeridad

Cuando las semanas pasadas leíamos en los titulares que las políticas de austeridad que estamos sufriendo en Europa se debían a un error de Excel en un estudio, la mayoría de nosotros no nos lo podíamos creer. La base académica en la que se apoyan las políticas de la UE ante la crisis, ¿un error? Evidentemente a nadie le hace gracia que se recorte en servicios públicos para ver cómo ese dinero se desvía a las instituciones financieras que, con sus descubiertos, han provocado esta tormenta. Pero puedes llegar a imaginar que hay algún tipo de base matemática que pueda, en parte, justificar estas políticas. Tampoco es el caso, ni lo que llama la atención, ya que es un secreto a voces que las políticas de austeridad están siendo un fracaso y lastre demasiado pesado para el crecimiento de las economías europeas, especialmente las del sur. Ni que esté errado en su planteamiento, multitud de estudios resultan equivocados a pesar de sus esfuerzos. Lo que llama la atención es que sea un error en unas celdas de Excel ¿En serio? ¿Excel? ¿Nadie repasó las cifras? ¿Eso es todo? Parece una tomadura de pelo.

Y es verdad que cuesta creerlo, pero vamos a analizar qué ha ocurrido.
Dos economistas norteamericanos, Reinhart y Rogoff de la Universidad de Harvard son los autores del polémico informe que defiende la austeridad, “Growth in a Time of Debt” (2010). Este trabajo fue concienzudamente nombrado a la hora de justificar los ajustes por diferentes personalidades políticas y económicas en la UE, y utilizado por muchos para criticar las políticas económicas de Obama en EEUU en respuesta a la crisis. En concreto en el caso de España, Olli Rehn, impuso un programa de “recuperación” de la crisis basado punto por punto en las conclusiones de este estudio.

Fuente: The Economist
El informe decía demostrar que las naciones con niveles de deuda pública muy elevados, concretamente a partir de un ratio de deuda de un 90% conrespecto al PIB, no pueden crecer, colapsan y por tanto, les es imposible salir del pozo. Italia y Grecia eran sus ejemplos favoritos de situaciones insostenibles. La solución por la que se inclina la tesis es llevar a cabo recortes radicales en los servicios públicos para reducir ese ratio de deuda a unos niveles normales, y así re emprender la senda del crecimiento económico. Esta lectura por supuesto no fue la única desencadenante de las duras medidas de ajuste, aunque sí parece que tuvo una influencia notable, no sé si en el pensamiento, pero al menos sí en el discurso de políticos y economistas.
El informe decía demostrar que las naciones con niveles de deuda pública muy elevados, concretamente a partir de un ratio de deuda de un 90% con respecto al PIB, no pueden crecer, colapsan y por tanto, les es imposible salir del pozo. Italia y Grecia eran sus ejemplos favoritos de situaciones insostenibles. La solución por la que se inclina la tesis es llevar a cabo recortes radicales en los servicios públicos para reducir ese ratio de deuda a unos niveles normales, y así re emprender la senda del crecimiento económico. Esta lectura por supuesto no fue la única desencadenante de las duras medidas de ajuste, aunque sí parece que tuvo una influencia notable, no sé si en el pensamiento, pero al menos sí en el discurso de políticos y economistas.
La noticia saltó rápidamente, un estudiante de doctorado, Thomas Herndon, junto con dos profesores de la Universidad de Massachusetts, presentaron el mes pasado un informe (“Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff”) que demostraba un error en una de las fórmulas de Excel del trabajo de Harvard. El resultado en países con niveles de deuda de un 90% de su PIB pasaba de -0,1% a 2,2%. No es una situación cómoda pero sí una variación a tener en cuenta. Aunque Reinhart y Rogoff tuvieron que reconocer su error, siguen defendiendo las bases principales de su tesis.
Parece lógico que las naciones deban evitar endeudarse excesivamente, pero no siempre hay una correlación entre elevada deuda pública y estancamiento del crecimiento. Entonces, ¿por qué hemos oído hablar de premeditación? Los errores de Excel no son nuevos, pero en un estudio académico de tal trascendencia ya es algo más raro.

Kenneth Rogoff. Fuente: Wikimedia Commons
Hay varios detalles importantes que se les echa en cara a Reinhart y Rogoff. En primer lugar, tardaron semanas en contestar y varias más en facilitar los datos a Herndon. Además del error de Excel, el estudiante pudo comprobar cómo cierta información había sido omitida o manipulada para que el estudio diera las conclusiones deseadas. Por ejemplo, determinados años en países como Australia, Canadá, Bélgica y Nueva Zelanda, fueron deliberadamente excluidos del análisis puesto que presentaban altos niveles de endeudamiento y a la vez buenas tasas de crecimiento. Pese a contar con datos desde 1890,sólo se empezaron a analizar los datos a partir de 1946, algo que por supuesto beneficiaba a los objetivos de su trabajo.
Estos datos que han ido saliendo a la luz, desde luego no ayudan a creer que el error fue fortuito e inocente, sino más bien todo lo contrario. De todos es sabido que pocos o ningún economista carece de orientación ideológica, pero la demostración de sus hipótesis pasa por contrastar científicamente sus datos y ver qué conclusiones se pueden sacar con ellos. En este caso, parece que la idea ha sido más bien la opuesta, de antemano buscaban unas conclusiones y han llegado a ellas discriminando la información examinada.
La dichosa necesidad de recortes en el ámbito público que recomendaba el informe, y que desde muchas tribunas liberales fue acogido con los brazos abiertos, y esgrimido como argumento en multitud de ocasiones, no era cierto y se ha convertido en un vergonzoso despropósito.

La distracción de Reinhart y Rogoff


Carmen Reinhart. Fuente: Wikimedia Commons
Para ser justos, aún habiendo presentado un trabajo erróneo y sesgado, Reinhart y Rogoff nunca pretendieron ser abanderados intelectuales de la austeridad como se les convirtió desde determinados sectores económicos. Estos sectores escucharon lo que querían oír, y expusieron el estudio como prueba de que los ajustes en los servicios públicos, no eran una opción de tantas para salvar la recesión, sino una realidad matemática.
La irresponsable imposición de medidas severas contra el gasto público ha causado un perjuicio a los índices de empleo difícilmente subsanable en los países del sur de Europa. Estas políticas, con el tiempo, se están manifestando altamente ineficientes y han sido un lastre más que un acicate para que se reactive la economía. Esta misma semana, en la cumbre bilateral España – Portugal sobre el futuro de la UE, tanto Mariano Rajoy como Pedro Passos Coelho han cerrado la puerta a que los países del sur de Europa hagan frente común a la imposición de políticas de austeridad impuestas por Alemania.
Pero aún con todo esto, este asunto no deja de ser una cortina de humo, una distracción o una mera anécdota. ¿Alguien cree que de no haber existido este estudio o de haber arrojado otras conclusiones, la política europea habría sido diferente? Una vez demostrada la falta de correlación entre deuda pública y crecimiento de un país, ¿alguien considera que estas políticas van a cambiar a corto o medio plazo?
La respuesta a esto la tienen unas élites políticas que han dado señales sobradas de mirar más por los bancos e instituciones financieras que por los ciudadanos a los que representan.

El error de Excel que nos condenó a la austeridad

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Cuando la semana pasada leíamos en los titulares que las políticas de austeridad que estamos sufriendo en Europa se debían a un error de Excel en un estudio, la mayoría de nosotros no nos lo podíamos creer. La base académica en la que se apoyan las políticas de la UE ante la crisis, ¿un error? Evidentemente a nadie le hace gracia que se recorte en servicios públicos para ver cómo ese dinero se desvía a las instituciones financieras que, con sus descubiertos, han provocado esta tormenta. Pero puedes llegar a imaginar que hay algún tipo de base matemática que pueda, en parte, justificar estas políticas. Tampoco es el caso, ni lo que llama la atención, ya que es un secreto a voces que las políticas de austeridad están siendo un fracaso y lastre demasiado pesado para el crecimiento de las economías europeas, especialmente las del sur. Ni que esté errado en su planteamiento, multitud de estudios resultan equivocados a pesar de sus esfuerzos. Lo que llama la atención es que sea un error en unas celdas de Excel ¿En serio? ¿Excel? ¿Nadie repasó las cifras? ¿Eso es todo? Parece una tomadura de pelo.

Y es verdad que cuesta creerlo, pero vamos a analizar qué ha ocurrido.

Dos economistas norteamericanos, Reinhart y Rogoff de la Universidad de Harvard son los autores del polémico informe que defiende la austeridad, “Growth in a Time of Debt” (2010). Este trabajo fue concienzudamente nombrado a la hora de justificar los ajustes por diferentes personalidades políticas y económicas en la UE, y utilizado por muchos para criticar las políticas económicas de Obama en EEUU en respuesta a la crisis. En concreto en el caso de España, Olli Rehn, impuso un programa de “recuperación” de la crisis basado punto por punto en las conclusiones de este estudio.

Fuente: The Economist

El informe decía demostrar que las naciones con niveles de deuda pública muy elevados, concretamente a partir de un ratio de deuda de un 90% conrespecto al PIB, no pueden crecer, colapsan y por tanto, les es imposible salir del pozo. Italia y Grecia eran sus ejemplos favoritos de situaciones insostenibles. La solución por la que se inclina la tesis es llevar a cabo recortes radicales en los servicios públicos para reducir ese ratio de deuda a unos niveles normales, y así re emprender la senda del crecimiento económico. Esta lectura por supuesto no fue la única desencadenante de las duras medidas de ajuste, aunque sí parece que tuvo una influencia notable, no sé si en el pensamiento, pero al menos sí en el discurso de políticos y economistas.

La noticia saltó rápidamente, un estudiante de doctorado, Thomas Herndon, junto con dos profesores de la Universidad de Massachusetts, presentaron el mes pasado un informe (“Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff”) que demostraba un error en una de las fórmulas de Excel del trabajo de Harvard. El resultado en países con niveles de deuda de un 90% de su PIB pasaba de -0,1% a 2,2%. No es una situación cómoda pero sí una variación a tener en cuenta. Aunque Reinhart y Rogoff tuvieron que reconocer su error, siguen defendiendo las bases principales de su tesis.

Parece lógico que las naciones deban evitar endeudarse excesivamente, pero no siempre hay una correlación entre elevada deuda pública y estancamiento del crecimiento. Entonces, ¿por qué hemos oído hablar de premeditación? Los errores de Excel no son nuevos, pero en un estudio académico de tal trascendencia ya es algo más raro.

Kenneth Rogoff. Fuente: Wikimedia Commons

Hay varios detalles importantes que se les echa en cara a Reinhart y Rogoff. En primer lugar, tardaron semanas en contestar y varias más en facilitar los datos a Herndon. Además del error de Excel, el estudiante pudo comprobar cómo cierta información había sido omitida o manipulada para que el estudio diera las conclusiones deseadas. Por ejemplo, determinados años en países como Australia, Canadá, Bélgica y Nueva Zelanda, fueron deliberadamente excluidos del análisis puesto que presentaban altos niveles de endeudamiento y a la vez buenas tasas de crecimiento. Pese a contar con datos desde 1890, sólo se empezaron a analizar los datos a partir de 1946, algo que por supuesto beneficiaba a los objetivos de su trabajo.

Estos datos que han ido saliendo a la luz, desde luego no ayudan a creer que el error fue fortuito e inocente, sino más bien todo lo contrario. De todos es sabido que pocos o ningún economista carece de orientación ideológica, pero la demostración de sus hipótesis pasa por contrastar científicamente sus datos y ver qué conclusiones se pueden sacar con ellos. En este caso, parece que la idea ha sido más bien la opuesta, de antemano buscaban unas conclusiones y han llegado a ellas discriminando la información examinada.

La dichosa necesidad de recortes en el ámbito público que recomendaba el informe, y que desde muchas tribunas liberales fue acogido con los brazos abiertos, y esgrimido como argumento en multitud de ocasiones, no era cierto y se ha convertido en un vergonzoso despropósito.

La distracción de Reinhart y Rogoff

Carmen Reinhart. Fuente: Wikimedia Commons

Para ser justos, aún habiendo presentado un trabajo erróneo y sesgado, Reinhart y Rogoff nunca pretendieron ser abanderados intelectuales de la austeridad como se les convirtió desde determinados sectores económicos. Estos sectores escucharon lo que querían oír, y expusieron el estudio como prueba de que los ajustes en los servicios públicos, no eran una opción de tantas para salvar la recesión, sino una realidad matemática.

La irresponsable imposición de medidas severas contra el gasto público ha causado un perjuicio a los índices de empleo difícilmente subsanable en los países del sur de Europa. Estas políticas, con el tiempo, se están manifestando altamente ineficientes y han sido un lastre más que un acicate para que se reactive la economía. Esta misma semana, en la cumbre bilateral España – Portugal sobre el futuro de la UE, tanto Mariano Rajoy como Pedro Passos Coelho han cerrado la puerta a que los países del sur de Europa hagan frente común a la imposición de políticas de austeridad impuestas por Alemania.

Pero aún con todo esto, este asunto no deja de ser una cortina de humo, una distracción o una mera anécdota. ¿Alguien cree que de no haber existido este estudio o de haber arrojado otras conclusiones, la política europea habría sido diferente? Una vez demostrada la falta de correlación entre deuda pública y crecimiento de un país, ¿alguien considera que estas políticas van a cambiar a corto o medio plazo?

La respuesta a esto la tienen unas élites políticas que han dado señales sobradas de mirar más por los bancos e instituciones financieras que por los ciudadanos a los que representan.

 Esta es una explicación sin ánimo de lucro

Porcentaje de adultos jóvenes viviendo con los padres en Europa

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El artículo de Der Spiegel tiene ya unos meses, pero es curioso comprobar en la infografía de abajo, que los países que más dificultades están teniendo desde que estalló la crisis son los que albergan mayor índice de jóvenes entre 25 y 34 años viviendo en casa de sus padres. 




Por lo general, estos resultan ser los países deudores en Europa. Si tenemos en cuenta que normalmente el vivir o no con los padres depende del acceso a un puesto de trabajo o del nivel de vida (establecido por la proporción sueldos – salarios), parece difícil que se pueda invertir la situación en estos estados. 

Estos datos de 2011 proporcionados por Eurostat, nos muestran una gran diferencia entre los índices de las naciones del norte de Europa con respecto a las del sur y el este.

Según deja caer Der Spiegel (antes de su reciente cambio de línea editorial) los altos porcentajes se deben precisamente a los efectos devastadores de la crisis en dichos países, en concreto a causa de las altas tasas de desempleo.

Aunque por otro lado se señala que los porcentajes más altos (en torno al 40% o al 50% de jóvenes en casa de sus padres) corresponden a países de raíces católicas (sur y este de Europa) donde hay menos costumbre de emanciparse a edad temprana. 

Existe discusión sobre este tema y no está tan claro que la aparente correlación desempleo – residencia con los padres implique causalidad. Francia y Suecia, por poner un ejemplo, tienen la misma tasa de desempleo pero en Francia es doblemente probable que un joven no haya abandonado el nido. 

En efecto, es difícil saber hasta qué punto se debe a la crisis o a los hábitos culturales, pero probablemente existiese una base cultural amplia de apoyo familiar en estos países que con seguridad se ha visto agravada por la falta de empleo y oportunidades.

Lo que es claro es que la tendencia general en Europa, al contrario que en EEUU, es la de ampliar la estancia en la residencia de los padres.





No compres, comparte: nuevos escenarios y soluciones en los hábitos de consumo.

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Publicado originalmente en United Explanations el 24/04/2013

No compres, comparte: nuevos escenarios y soluciones en los hábitos de consumo

Si se puede sacar algún rasgo positivo de la crisis en la que estamos inmersos, es el hecho de que mucha gente se está replanteando los actuales paradigmas económicos y sociales a muchos niveles. No sólo me refiero a la repulsa mostrada por gran parte de la sociedad hacia las políticas económicas emprendidas en medio mundo en respuesta al descalabro. La sensación de descontento general acaba derivando en acciones concretas en el entorno más cercano de las personas con el objeto de cambiar lo que esté en su mano. Y en su mano está el elegir cómo realiza su actividad diaria de ocio y consumo.

Los avances tecnológicos y el auge de las redes sociales dibujan un panorama inmejorable para que florezcan nuevas formas de organización e intercambio económico. Sumidos en este contexto, los últimos años se han consolidado una serie de modelos socio-económicos novedosos que se pueden concentrar en torno a lo que se ha venido a llamar “consumo colaborativo”.

¿En qué consiste el consumo colaborativo (CC)?


El concepto es heterogéneo y aúna infinidad de aspectos. En la web Consumo Colaborativo se define como “la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar y/o regalar re-definida a través de la tecnología y las comunidades”.
Originalmente, el término “consumo colaborativo” fue acuñado por Marcus Felson  y Joe L. Spaeth en 1978 pero se empezó a popularizar a partir de un artículo de Ray Algar en 2007. Aunque ha sido el libro de Rachel Botsman y Roo Rogers, What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption (Lo que es mío es tuyo: el auge del consumo colaborativo, 2010) el que se ha situado como referencia de este movimiento.
La idea subyacente a esta corriente es la de sustituir las bases del consumo actual, el crédito, la publicidad y la propiedad individual por valores como la reputación, la comunidad y el acceso compartido a los bienes.
Botsman y Rogers se dieron cuenta de que gracias a las nuevas tecnologías, estaban prosperando multitud de empresas cuyos paradigmas de consumo diferían de los cánones empresariales al uso. Ejemplos que apuntaban a un nuevo modelo de consumo basado en la cooperación y la asociación a través de interacciones de igual a igual (peer to peer), y que conformarían el embrión de lo que sería la idea de CC. A las empresas que ya habían surgido en el ámbito digital (Spotify, Netflix, Grooveshark…) se fueron sumando muchas otras como Airbnb (couchsurfing), Zipcar (alquiler de coches entre particulares) o Freecicle (reutilización de bicicletas) donde se intercambian bienes de consumo físicos.


Con el paso de los años se han multiplicado los ejemplos de este tipo de colaboración en todo tipo de contextos: compartir trayectos en coche, intercambiar conocimientos y servicios, compartir mesa, alquilar o intercambiar objetos y bienes de todo tipo, apoyar proyectos mediante crowfunding, o compartir espacios para trabajar son sólo algunos de ellos. Existen  agrupaciones importantes a nivel económico y social en numerosos terrenos como pueden ser cooperativas, diseños de software libre, credit unions, instituciones de banca pública o monedas virtuales como bitcoin… y los datos nos confirman que este tipo de proyectos no paran de crecer en todo el mundo. Sólo en EEUU se estima que los beneficios del Car-Sharing en 2016 llegarán a más de 3.000 millones de euros. También en España están surgiendo multitud de proyectos que en muchos casos logran convencer a inversores y usuarios como Knok.comLanzanos.com o Uolala.
“La tendencia es clara: El acceso vence a la posesión. El acceso es mejor que la propiedad“ Kevin Kelly (Fundador de la revista Wired)

Gráfico de oportunidades para compartir. Fuente: Latitude Research Flickr
Botsman y Rogers agrupan todos estos ejemplos en 3 sistemas:
  • Sistemas basados en producto: los usuarios pagan por disponer del producto sin necesidad de comprarlo, como por ejemplo en el caso de tener en copropiedad un vehículo o alquilar e intercambiar entre particulares. Este tipo de sistema implica cambios en el concepto de propiedad privada en el que se cimentan las industrias tradicionales, y muchas veces se adentra en terrenos no legislados (sobre todo en el ámbito de la copropiedad). En el ámbito digital, sí se están dando pasos que apuntan al replanteamiento del concepto de propiedad, por ejemplo con servicios como Spotify, Steam, Netflix o iTunes.
  • Sistemas basados en mercados de redistribución: se basa en la redistribución de bienes usados mediante su venta, intercambio o incluso regalo. La idea es no tirar aquello que ya no se va a utilizar y facilitar su uso a quien lo pueda necesitar.
  • Sistemas basados en estilos de vida colaborativos: va más allá de los intercambios materiales para compartir toda clase de experiencias, intereses, espacios, proyectos…Algunas ideas como compartir espacios para trabajar o para pasar la noche cuando estás de viaje, prestamos P2P o bancos de tiempo funcionan extraordinariamente bien sobre todo en ámbitos locales.

¿Qué ventajas nos puede ofrecer el consumo colaborativo?


La ventaja más evidente es el ahorro. Compartir, alquilar o tener en copropiedad un objeto conlleva una inversión menor, y los propietarios pueden rentabilizar más sus bienes. A la vez, se intensifica mucho más el uso de los objetos a lo largo de su vida útil, por lo que se consume menos y se hace un uso más eficiente de los productos.
Ya conocemos la lógica del hiperconsumo en la que se basa actualmente la economía y las sutilesmanipulaciones a las que la publicidad nos tiene acostumbrados. Si no, documentales como “Comprar, tirar, comprar” o “Story of Stuff” nos serán muy útiles a la hora de entender el problema que representa para la sostenibilidad a largo plazo del planeta y sus recursos. En este contexto, el CC pretende estimular un verdadero cambio en los hábitos de consumo, y esta característica implicaría también modificaciones en los esquemas de producción actuales. Reduces la producción y reduces los desechos, por lo que es innegable que el CC promueve un modelo de economía más sostenible y amigable con el medio.

Bicicletas de préstamo. Universidad de Granada. Foto: ecomovilidad.net
Además estos sistemas están basados inevitablemente en las interacciones sociales, lo cual es un rasgo positivo que generalmente incrementa la satisfacción de las personas.

¿Tiene algo de innovador el Consumo Colaborativo?

Por supuesto compartir, intercambiar o prestar no es nada nuevo, ni siquiera la lógica que representa el consumo colaborativo es tan actual, como podemos ver en la infografía de abajo (click en la imagen para ver en detalle). Entonces, ¿nos encontramos ante una vuelta de tuerca de algo que ya existe?
La clave a la pregunta anterior la encontramos en la creciente importancia de las nuevas tecnologías y el uso que hacemos de ellas. Generar confianza es algo esencial, e Internet y las redes sociales han propiciado un contexto perfecto para llevar a cabo todo tipo de intercambios. Su notable capacidad para generar eficientes sistemas de reputación permite que este tipo de relaciones económicas no se limiten sólo al ámbito local (salvo por las propias limitaciones físicas del producto o servicio).
Tal y como argumentan algunos críticos, puede ser que no se haya inventado nada, pero con el horizonte tecnológico actual nos encontramos en muchos sentidos ante un escenario complemente diferente.

En palabras de Botsman y Rogers: “Ahora vivimos en un mundo global donde podemos imitar los intercambios que antes tenían lugar cara a cara, pero a una escala y de una manera que nunca habían sido posibles. La eficiencia de Internet, combinada con la capacidad crear confianza entre extraños ha creado un mercado de intercambios eficientes entre productor y consumidor, prestador y prestatario, y entre vecino y vecino, sin intermediarios”.
A esto habría que sumar que la progresiva implantación de modelos de consumo colaborativo acabaría consecuentemente generando cambios en los estándares industriales que forzarían a las empresas a innovar en lo relativo al diseño del producto. Y esto quizá sea uno de los grandes retos del mundo actual: pasar del producto de “usar y tirar” a uno resistente y adaptable para satisfacer las necesidades de un uso compartido. Este sería un primer paso necesario para conseguir un modelo económico sostenible, primar la reparación de un objeto por delante de la producción de uno nuevo.

El reto de inventar otro tipo de sociedad

¿Nos encontramos ante una moda pasajera producto de la crisis o ante un cambio de paradigma en el consumo? Si bien la precaria situación económica ha representado un gran aliciente para que se extiendan este tipo de iniciativas colaborativas por el ahorro que representa, este tipo de consumo pretende instalarse en nuestros hábitos diarios. El cc, de alguna manera, desafía al usuario y a sus hábitos de consumo, busca un cambio de mentalidad. Busca fomentar la colaboración en detrimento del consumo acumulativo e individualista.

Fuente: Hardware Business Review. “Beyond Zipcar: Collaborative Consumption”
La filosofía de esta corriente tampoco es la de sustituir la propiedad o el sistema capitalista, pero sí cohabitar con el actual modelo de consumo para progresivamente mirarlo de igual a igual e incluso tomar la delantera, tal y como ha hecho el periodismo digital al tradicional, o Spotify o el mp3 a la venta de música en soportes físicos.
En muchos sentidos están cambiando las reglas del comportamiento humano y el CC puede tener un papel importante en el futuro siempre y cuando se sepa implantar a nivel local e ir tejiendo redes de colaboración cada vez más amplias. Aunque una de las razones que hace que no tenga fronteras es que se basa en una idea tan universal como la del bien común, será importante la capacidad de adaptar estas filosofías a las singularidades culturales y económicas de cada región.
Según la revista Time, el CC es una de las 10 ideas que cambiarán el mundo. Kevin Klein, fundador de la revistaWired también le augura un futuro prometedor. En sus propias palabras “la tendencia es clara: el acceso vence a la posesión. El acceso es mejor que la propiedad”. Desde luego será interesante ver cómo consiguen implantarse los proyectos de CC para que prosperen y trasciendan al día a día del consumidor. El mayor reto que tiene por delante es el de promover un cambio de conciencia a la hora de consumir y comprar, y anteponer en muchos casos las dinámicas colaborativas a la posesión individual.

Algunas web de referencia:

En España:
En el mundo: