Cómo manipular la realidad para que tu ideología no sufra

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El tratamiento de la muerte de Mandela por parte de algún medio me tiene algo intrigado. 

No hay duda de que Mandela fue un luchador, una persona que se sacrificó en busca de la igualdad social. Simpatizaba profundamente con los ideales comunistas. De hecho, uno de sus principales valedores fue Fidel Castro.

Nelson Mandela también hizo uso de la lucha armada para enterrar la discriminación racial. En su lucha por los derechos civiles se sirvió de la violencia para responder al monopolio de la misma que ejercía el estado sudafricano. Recordemos que hasta 2008, Mandela estaba incluido en la lista oficial de terroristas de EE.UU. El discurso oficial reza que, durante su estancia en prisión, abandonó la convicción de que la lucha armada sería de utilidad para llegar a ese ideal de igualdad. La realidad es que cuando comenzó su actividad política, defendió el uso de acciones de protesta y desobediencia civil pacíficas. Sólo se sumó a la resistencia armada después de la Masacre de Sharpeville en 1960.
 
No es el objeto de esta reflexión discutir sobre la conveniencia del uso de la violencia para combatir otra violencia, o el monopolio de la misma, simplemente reflexionar sobre el tratamiento que se ha dado a su figura después de su muerte.   

Los medios nacionales e internacionales, de izquierdas o derechas, coinciden en ensalzar la figura de Nelson Mandela


El problema viene cuando eres un medio, persona u organización de derechas, y tienes que alabar la lucha de Mandela por los derechos civiles y contra el apartheid (entiendo que por corrección política), mientras que tu argumentario se basa en sacar réditos del discurso anti-terrorista oficial, y defiendes a capa y espada la cadena perpetua para aquellas personas que consideren la lucha armada contra un régimen represivo. Este tipo de medios, personas u organizaciones, que mientras elogian la figura de Mandela, piden la aplicación de la infame (jurídicamente hablando) doctrina Parot, o promulgan leyes para represaliar desproporcionadamente cualquier tipo de protesta (como es la Ley de Seguridad Ciudadana desarrollada por el PP). 

Esta lógica te puede llevar a escribir titulares tan ridículos como el que hemos leído hoy en La Razón, en el que nos dan a entender que el mayor mérito de Mandela a lo largo de su dilatada y movida trayectoria, ha sido llevar a su país el mundial de fútbol. Nivelazo.
 
Y si creías que no se podía caer más bajo, atento al artículo de Cesar Vidal en este mismo diario, en el que culpa del apartheid en Sudáfrica a…(redoble) ¿lo adivináis? ¡¡Al propio Nelson Mandela!! (ver penúltimo tweet, abajo). Esto sí que es un gran ejemplo de cómo manipular la realidad para que tu ideología no sufra.
 
En definitiva, era sólo una reflexión. ¿Cómo pueden vivir (intelectualmente) con estas inconsistencias? ¿Serán conscientes de ellas?
 
Sólo algunos ejemplos de este debate encontrados en Twitter:


Descanse en paz Nelson Mandela.

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Carabinieri intentan disolver una asamblea de estudiantes en Bolonia y acaban huyendo

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Los estudiantes protestaban en el corazón de la Universidad de Bolonia celebrando una asamblea. Un buen grupo de carabinieri entra en formación para disolver la reunión, pero la respuesta por parte de los estudiantes no es la que esperan. Lejos de acatar la orden, los estudiantes no se dejan intimidar y hacen valer su derecho de reunión, de tal manera que los agentes tienen que salir huyendo para que no les “trague” la marea humana.  

La próxima aplicación del Plan Bolonia o Estrategia Universidad 2015 parece estar en el fondo del malestar de los estudiantes, de la misma manera que se ha venido manifestando desacuerdo a estas medidas por parte de prácticamente toda la comunidad educativa europea.   

Visto en La Mancha Obrera.



La clase política parasitaria

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A los ciudadanos españoles no nos gustan nuestros políticos. La ciudadanía sencillamente no se siente representada por su clase política, y los efectos de la crisis están provocando una separación aún mayor.

Los constantes casos que nos brinda a diario la prensa nacional y extranjera no hacen sino constatar la naturaleza parasitaria de las élites españolas. Como ciudadanos, estamos observando cómo la clase política facilita la evasión de impuestos a las grandes empresas y personalidades, parando investigaciones incómodas e incentivando amnistías fiscales a las grandes rentas, a costa de exprimir a las más pequeñas. Algunos de los mayores defraudadores españoles resulta que son los propios políticos.

Y estos hechos se trasladan al imaginario colectivo de los ciudadanos españoles, independientemente del espectro ideológico al que se adscriban, generalizando indiscriminadamente por supuesto, pero de alguna manera muy interiorizado en el la ciudadanía, y especialmente entre los que están sufriendo con más intensidad los recortes y ajustes en servicios públicos y sociales. Razones para pensar así no nos faltan, y en este contexto de crisis las decisiones y medidas adoptadas los últimos años a favor del sector privado, especialmente hacia los bancos, y en detrimento de los servicios públicos, no ayudan a reducir esa distancia existente entre ciudadanos y políticos.

La peor valoración ciudadana de la historia de la democracia

Mientras el poder adquisitivo ha caído a niveles de hace 27 años, se baten records de manifestaciones en las calles y el gobierno pide rescates para la banca a la UE que tendremos que devolver los ciudadanos durante décadas, la desafección de los ciudadanos hacia la clase política se vuelve cada vez más explícita.

Con este panorama no es de extrañar que en la última medición sobre intención de voto de Metroscopia la imagen tanto del gobierno como de la oposición resulte ser demoledoramente negativa. La gran mayoría desaprueba la gestión de la crisis tanto por parte del gobierno como de la oposición. El caso español parece, más que una desconfianza en la política, una desafección institucional, esto es, una animadversión de los ciudadanos hacia los organismos que materializan la política y las personas que representan a estas instituciones.

La desafección de los políticos es tanta, que hasta entre las élites financieras, fielmente protegidas por las élites políticas, se comienzan a oír voces que censuran la falta de movilidad y de eficiencia. Se les empieza a considerar una carga demasiado pesada para que el país despegue y se recupere del azote de la crisis. El sentimiento es mutuo, los políticos tampoco se fían de las élites financieras.

“Las élites extractivas”

En un reciente artículo en El País, Cesar Molinas propone una teoría de la clase política española haciendo uso del concepto de ‘élites extractivas’. En él explica punto por punto cómo se ha llegado a la situación en la que estamos y señala a la clase política como culpable de la misma. Estos grupos cerrados que son los partidos políticos cuyas vías de financiación presentan todo tipo de dudas, se han especializado en crear complejas redes y estructuras de captación de fondos públicos para su propio beneficio (a través de ayuntamientos, cajas de ahorros, las llamadas empresas del sector público…), creando burbujas intencionadamente para que una vez que estallen, sus consecuencias acaben recayendo sobre el contribuyente. Y de este tipo de élites hay numerosos ejemplos en España.

La teoría intenta responder preguntas clave como: “¿Cómo es posible que cinco años después desde que explotara la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?”, “¿Cómo es posible que ningún partido político tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis?” o “¿Cómo es posible que la estrategia de futuro más obvia para España -la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación- sea no ya ignorada, sino masacrada con recortes por los partidos políticos mayoritarios?

Las listas electorales cerradas y el consecuente sectarismo e inmovilismo que ha estimulado en los partidos, la revitalización de los caciques de provincias que se supieron aprovechar de la descentralización provocada por el modelo de estado de autonomías, el control por parte de los partidos de las cajas de ahorros, y su incursión en otros ámbitos ajenos a la política como es el poder judicial o los organismos reguladores de las distintas industrias, son el caldo de cultivo propicio para la creación de una élite parasitaria, que igual decide qué construir, como quién lo construye y a quién se presta el dinero.

Las redes de enriquecimiento tejidas por la clase política están saliendo a la luz, descubriéndose como uno de los principales factores responsables de la crisis.

El resultado de este escenario es la creación de burbujas: la más importante, la inmobiliaria, ya por todos conocida. Las recalificaciones de las administraciones locales y los movimientos de las cajas de ahorros han sido resultado de la acción directa de la clase política. Pero no ha sido la única burbuja que ha dejado miles de millones de deuda después de llenar los bolsillos de unos determinados colectivos. La “burbuja de las renovables”, dejándonos como herencia los precios energéticos más altos de la UE y un déficit galopante que se va incrementando año a año, o la “burbuja de las infraestructuras innecesarias” (también financiadas por las cajas de ahorros), son algunos de los ejemplos más significativos de cómo la clase política ha desarrollado redes de captación de rentas públicas para su propio beneficio y el de las élites afines.

Una vez agotadas las fuentes de riqueza con el estallido de las distintas burbujas, el esfuerzo político emprendido se ha centrado en la defensa de su propia situación de privilegio. Este hecho resulta esclarecedor a la hora de intentar responder las preguntas planteadas al principio. Realmente la única finalidad de las élites extractivas es la de conservar a toda costa el status quo que les ha permitido enriquecerse. De hecho los millonarios españoles no parecen estar sufriendo los efectos de los recortes, si no que han aumentado sus fortunas durante estos últimos años.

Fórmulas para una renovación

La renovación de la clase política a través de un sistema electoral mayoritario de listas abiertas se ofrece como un principio de solución para superar el trago, de lo contrario, anticipa Cesar Molinas, la vuelta a la peseta pasará a ser una realidad más que probable.

La teoría evidentemente admite críticas, ya que dibuja a las oligarquías financieras como poco menos que víctimas de los manejes políticos, cuando son estas élites económicas las que presionan para que las leyes se amolden a sus intereses, y defiende a ultranza un sistema neoliberal y electoral parecido al estadounidense (con las ventajas y desventajas que esto supone). Desde luego la tendencia a la desregulación del sector financiero, como también propone, no parece una solución, sino más bien una de las causas del origen la crisis global.

Entre tanto, las próximas reformas del código penal, parece que se amoldan al comportamiento tipo de las élites extractivas, ya que entre otras cosas criminaliza las ocupaciones pacificas e impone durísimas penas para aquellos que por ejemplo, impidan pacíficamente el desalojo de una vivienda por parte de un banco o movilicen a los ciudadanos mediante convocatorias en las redes sociales. Por no hablar de la multa de 6 mil euros impuesta al único convocante del 25S por “no garantizar la seguridad de la protesta”.

El 25S como símbolo del rechazo a la clase política

La imagen del pasado 25 de septiembre de los diputados parapetados tras un dispositivo policial ridículamente desproporcionado, mientras decenas de miles de manifestantes exigían un nuevo proceso constituyente para devolver al congreso la soberanía del pueblo, es sintomática de la deriva que está tomando el asunto. Para más inri, a estas horas los diputados estaban votando tres propuestas importantes: una para el aprovechamiento de los alimentos descartados por las grandes superficies, otra para la racionalización y transparencia de las retribuciones de los cargos políticos electos y una última relativa a la lucha contra el fraude fiscal. Las 3 fueron rechazadas. La segunda propuesta sobre las retribuciones de los políticos tuvo sólo 6 votos a favor.

Los ejemplos de cómo los políticos se están dedicando a mantener su status quo a costa de los ciudadanos podrían llenar un almanaque, por lo que no sorprende demasiado el desencanto general con la clase política y sus actuaciones. Aún queda mucho camino por recorrer y las previsiones no son las mejores. Desde este prisma, parece que la incontenible presión ciudadana difícilmente tendrá una respuesta positiva entre las élites políticas.

Ésta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro

TIME The protester: person of the year 2011

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Como no podía ser de otra manera, aunque con retraso por mi parte, esta portada se merece mínimo, un post.

Un año marcado por el acentuamiento de la crisis económica, y la oleada de protestas a nivel mundial desencadenadas por los ciudadanos que comenzamos a sufrirla en nuetras carnes. Indignación al ver cómo quienes han provocado la crisis continúan disfrutando de insultantes beneficios y dorados retiros, mientras ingentes cantidades de dinero público sustentan al mundo financiero como si fuese un actor imprescindible.

Sin embargo, curiosamente, la chispa que ha encendido la mecha en Europa y EE.UU. ha nacido en el norte de África. Túnez fue el primer país en revelarse contra la tiranía. Acto seguido, naciones vecinas, con un bagaje histórico similar en las últimas décadas, no dudaron en echarse a la calle para acabar con sus dictadores, con mayor o menor suerte.

El ánsia de una verdadera participación ciudadana en los asuntos políticos por parte del mundo árabe, parece haber espoleado a la juventud española, europea y norteamericana a rebelarse contra una situación económica y social a todas luces injusta, y que llevamos tiempo sufriendo sin aparentemente ninguna oposición por nuestra parte. Supongo que, como ocurrió el 15M, estas cosas suceden sin planearlas demasiado y en los momentos menos pensados, aunque todos nos estuviésemos preguntando hasta cuando aguantaría la ciudadanía…

Como ya ocurriera en la elección del 2006 de la revista TIME, Person of the Year: YOU, anticipando la creciente importancia que los usuarios de internet tendrían en el devenir histórico inmediato, bravo de nuevo por su intuición, que a mi juicio, ha captado perfectamente la transcendencia histórica y la influencia a futuro de los cientos de levantamientos ciudadanos a los que hemos asistido en 2011 a lo largo y ancho del globo.  

Spain’s "Indignant" Give Lessons in True Democracy

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Interesante artículo publicado originalmente el pasado viernes 3 de Junio en Common Dreams por María Carrión (no confundir con la Delegada del Gobierno de la Comunidad De Madrid, María Dolores Carrión).
Espero que este tipo de relatos de lo que viene sucediendo estas últimas semanas entre la ciudadanía española se generalice y pueda calar este mensaje aún más a nivel internacional.

http://www.commondreams.org/view/2011/06/03-1

Bonus: posteriormente he visto que también fue publicado en la web de Naomi Klein, aquí dejo el enlace:

http://www.naomiklein.org/articles/2011/06/camp-sol-spains-indignant-give-lessons-true-democracy